toli morilla trisquel xixón música asturiasMauro Aladro persigue a Toli Morilla.

Aladro insiste en que le conceda una oportunidad con el público y amenaza con presentarse en un concierto del cantautor local, salir al escenario y leer en público alguno de sus escarceos literarios. El músico intentará prepararle una trampa para impedir que llegue a perpetrar su amenaza. La tensión ante un posible «conciertus interruptus» crecerá a medida en que las canciones vayan siendo depositadas en la morgue de un concierto futuro…

el club musical rtpa asturias spainEl club musical, programa presentau por Xune Elipe, tuvo el xeitu de dedicame ún de los sos capítulos el pasau día 19 d’agostu de 2013.

Ta disponible pa vese na páxina de la TPA a la carta.

La parte de conciertu foi grabada na Sala Club del Centru Internacional d’Arte Niemeyer n’Avilés. Son 40′ minutos de set acústicu xunto al guitarrista Ángel Miguel en directo. La entrevista grabóse dos díes depués nel afayadizu local de Xixón El Patio de la Favorita.

toli morilla angel miguel el club musical rtpa asturias spain dylan covers & moreEl soníu ye de lo meyor que ficimos nuna TV, gracies al trabayu de Rubén Álvarez, y la realización ya edición foi al cargu de Javi Lueje.

Agradecemos dende equí la oportunidá d’amosar, con bon soníu ya imaxen, parte del repertoriu del últimu discu «Estándar & Probes» y otres canciones nueves inédites.

Termini 2El título fue una especie de premonición, tanto para el relato como la para la canción (juro que la rima es casual) y hasta el último día de plazo para enviar los archivos a El Comercio se resistieron y rebelaron en contra del autor. Como escritor primerizo el tono y el ritmo de la narración supuso un combate entre el deseo de crear algo diferente y la realidad de la falta de recursos propios y espacio físico para hablar de dos obsesiones fruto del miedo, pánico quizá, arraigado profundamente en la psique de Mauro Aladro: la indigencia y la autoridad.

El miedo a la indigencia emocional o material como signo del fracaso absoluto de una vida que aparentemente cuenta con una buena mano en la partida de la supervivencia. El odio profundo a la autoridad o a los desmanes de esta cuando es utilizada de forma insensible, lejos de la compasión, la solidaridad o el respeto.

No está bien visto el fracaso. Los márgenes que nuestra sociedad le deja a al éxito son inversamente proporcionales a los que le permite a su antónimo, sin embargo, en la vida es mayor el  número de casos en los que se fracasa.

Una diferencia fundamental: No es lo mismo fracasar con dinero que sin él. Yo aún diría más, fracasar con dinero no se considera fracaso. Por poner un ejemplo, en la política el fracaso es continuo y manifiesto, en el amor también ¿por qué entonces se arrincona cruelmente tanto desmoronamiento? Todos, unos más y otros menos, sabemos cuál es nuestro grado de equilibrio entre lo que consideramos éxito o fracaso aunque probablemente seamos menos conscientes de las consecuencias y el grado de frustración.

Dicen que saber tolerar bien la frustración es necesario, que el que más preparado esté para ello mejor vivirá y menos problemas se causará a si mismo y a la sociedad. Digamos que de acuerdo. ¿Pero quién, cómo y cuándo nos preparan para asumirla? Desde niño te llenan la cabeza de sueños, cuando no de deseo, cualquier cosa que impida el camino hacia la consecución del objetivo ha de ser eliminada, el fin justifica los medios, el mundo prepara solo a los más fuertes o pertenece a los más fuertes; ocupar nuestro espacio entre esta selección natural no es fácil; parece una manifestación más de la lucha entre la naturaleza y la razón, la libertad y la justicia, el ser o no ser.

Cuando podemos reconocer lo que la suerte significa en la lotería de la vida, que no es otra cosa que determinismo puro y duro, uno empieza a pensar en que vivimos gracias a los destellos (micro iluminaciones) que las sucesivas generaciones de seres humanos van dejando en la tierra y a pensar en frases como la que da título a la canción de este capítulo 5 de la pasión, única e intransferible y sin embargo bastante común de Mauro Aladro. Recen lo que sepan. Yo lo hago en las canciones, no me pregunten más.

¿Dónde comienzo?… En los tacones de Rimbaud moviéndose como una bala danzarina a través de las calles secretas de una noche caliente de New Jersey, llena de veneno y asombro, encontrando a la reina Ángel en las cañas de Babilonia y luego a la fuente del dolor, para flotar sin rumbo en la masa caliente del diluvio, para cantar alabanzas al rey de aquellas calles muertas, para comprender y abandonarse de una forma celestial; fluyendo hacia el vientre perdido de la civilización hasta quedar en punto muerto. El amor se está imponiendo, Tolstoy tenía razón. Estas notas se están escribiendo en una bañera en Maine, en condiciones ideales, en todos los antiguos salones desde Brooklyn a Guam, desde Lowell a Durango. Oh hermana, cuando caigo en tus espaciosos brazos, ¿No sientes el peso del olvido y las canciones de redención en tu espalda? Subimos a la superficie, al costado de Miles Standish y tomamos el peñón. Tenemos parientes en Mozambique. Yo tengo uno o dos hermanos y todo un montón de Karma para quemar… Isis y la luna me iluminan. Cuando Rubin salga del cárcel lo celebraremos en el histórico aparcamiento en la California quemada por el sol…

(Allen Ginsberg, en la edición de Desire, notas de amor y redención, dicen; a mi me parece una mierda)

¿Dónde empiezo hoy, yo? En las manos de Moonshine Kate, colocando un do mayor con la izquierda y haciendo callo con la derecha acompañando a John Carson.

En el coche rotulado con los nombres de los artistas. Un año de ruta. Una vida.

La última canción de Moonshine Kate

Dicen que Moonshine Kate fue la primera chica en grabar country. Se llamaba Rosa Lee Carson y comenzó a actuar junto a su padre cuando era una cría. El tipo, Fiddlin’ John Carson, componía para ella canciones sobre huerfanitas solitarias y jovenes asesinaditas, y Rosa Lee hacía llorar a los vaqueros que las escuchaban.

Poco antes del crack del 29 Joe pensó que ya era hora de cambiar el repertorio y la rebautizó como Moonshine Kate. Moonshine creo que era una especie de guisqui de alambique y se supone que ambos establecían diálogos de besugos, de hillibillis borrachos y sin ninguna parte adonde ir.

Las cosas se pusieron difíciles después del 29 y se dedicaron a actuar en mitines políticos o donde hubiera algo de dinero. Su padre no tenía que hacer muchos esfuerzos para imitar a un borracho, el coche con el que recorrían el país cada vez se averiaba más y Rosa pensaba que se le acababa el tiempo.

Se casó con un buen hombre, y tuvo suerte porque ella ya había cumplido 35 años y aunque tenía chispa no era ninguna belleza. Rosa Lee enterró a Moonshine Kate en un baúl y se dedicó a sacar la casa adelante. Cuando acabó la guerra, se marcharon a Portland, pero al final decidieron volver a Atlanta. Los chicos negros empezaban a mezclar el blues con otros ritmos. Ya no parecían tan tristes como cuando ella era una chiquilla y les escuchaba cantar.

A mediados de los cincuenta un coche conducido por un tipo negro se estropeó en los alrededores de su granja. No era costumbre aún que una mujer blanca se interesara por los problemas de un tipo de color pero ella le invitó a tomar un café. El tipo se llamaba Sam Hopkins y ella no podía entender que a un hombre tan educado le apodaran ‘Lightnin’. Él se ofreció a tocar algo para que lo comprendiera y ella lo entendió mejor. Le pidió su guitarra y ella toco para él aquella «Little Mary Phagan» que solía tocar de niña. El tipo negro tuvo que admitir que se conmovió. Ambos estuvieron un rato callados y luego le avisaron de que el coche ya estaba compuesto, dio las gracias y se marchó.

Pasó el tiempo y de vez en cuando Rosa Lee le quitaba el tapón a una botella de guisqui que tenía su marido en casa y se ponía a rasgar la guitarra. A veces tocaba algunas cosas que escuchaba en la radio. A veces sacaba del cajón algunas cartas escritas por alguien que simplemente ponía como rémite ‘Hopkins’ y una dirección que iba cambiando. Una vez llegó una de Londres.

En 1958 juntó algunos dólares que tenía ahorrados, se fue a Macon y en una de aquellas cabinas que se usaban para grabar discos caseros grabó un par de canciones. Ninguna de ellas era «Little Mary Phagan». Por alguna razón cantó «Are you lonesome tonight» -que recordaba por la versión de Al Jolson en los años veinte, no por la que luego hizo Elvis- y una vieja canción de Hank Williams sobre despedidas de la que ni siquiera recordaba el nombre. Luego se fue a correos y mandó el paquete a una dirección de Louisiana, con la tarifa más barata.

Volvió a casa y se encontró a su marido, le dijo que había ido a la peluquería y este ni se fijó. Ambos vivieron en esa misma casa hasta la década de los noventa, cuando murieron, con poco tiempo de diferencia. Poco años antes las autoridades de Georgia la hicieron un homenaje, reconociendo su labor como pionera del country, y la pidieron que cantara un par de canciones, pero ella se negó a cantar, no lo había hecho en más de cuarenta años.

Copiado de http://www.esnifandopegamin.blogspot.com