toli morilla trisquel xixón música asturiasMauro Aladro persigue a Toli Morilla.

Aladro insiste en que le conceda una oportunidad con el público y amenaza con presentarse en un concierto del cantautor local, salir al escenario y leer en público alguno de sus escarceos literarios. El músico intentará prepararle una trampa para impedir que llegue a perpetrar su amenaza. La tensión ante un posible «conciertus interruptus» crecerá a medida en que las canciones vayan siendo depositadas en la morgue de un concierto futuro…

calle buensucesoLa canción número nueve, es una rareza, dos canciones en una con continuidad procesional hasta las campanas finales. La letra es un resumen de frases escuchadas en conversaciones nocturnas y mensajes recibidos en el teléfono móvil sin relación aparente, en principio. Tomar las expresiones como las piezas de un puzzle incompleto y crear una pequeña historia discontínua fue la solución. La segunda parte, instrumental, surge tras un calentón en el final de la grabación…»va un minuto y pico…» hay más que decir pero no sé cómo; sigo tocando, acordes abiertos sobre el décimo y octavo traste, miro a Sergio y asiente con la cabeza, «…sigue, sigue» me dice desde la pecera. Tan inesperado fue. Lo que recuerdo con claridad es la sensación de vértigo que me daba estar inventando una salida para el atoyadero al que me llevaba el texto. ¿Ruido? ¿Oscuridad? ¿Expresionismo? No. La opción, ahora que la escucho, fue trascender, la sonoridad me transmite esperanza, es sorprendente, descubrirse a uno mismo como a un ser esperanzado, a estas alturas de la partida.

El relato «El Ídolo» comparte con la canción el origen de las experiencias que se relatan. Una vez más, gran parte de ellas son la trascripción literalizada de relatos anónimos surgidos en conversaciones en la oscuridad de algún bar de los que cierra tarde en el micro territorio de la calle Buensuceso.

Ya llegó la seronda y la lluvia vuelve a empapar el toldo de La Vida Alegre. Esta semana sale el capítulo 10 y su canción, otro experimento. No me pregunten más.

loco mauro aladro toli morillaMauro busca, indaga en su pasado de un brochazo, con todas la heridas abiertas a un mismo tiempo, rechazando el olvido, hurgando entre los diferentes hilos de los hechos que, casi por azar, han ido configurando su actual estado de crisis permanente.

En la canción «LosIdiotas» reverberan otros pensamientos de Mauro entre el cielo y la tierra, «… casa, coche y un plan de pensiones. Era eso la vida ¿No?» Robinsón perdido entre el devenir de lo material y la necesidad perentoria de seguir sus más profundas intuiciones hasta el final.

Elías Veiga, echa una mano a este idiota que necesita inspirarse en lo que ve o lee. ¿Cuánto hay de Morilla y de Veiga en la letra? Todo. Una lectura, un interpretación, una adaptación. La misma experiencia

Si y no, esa es la respuesta. ¿Cuál es el precio del sí? ¿Cuánto nos cuesta el no?

Pensar ni consuela ni hace feliz. Pensar se arrastra lánguidamente como una perversión. Pensar se repite con aplicación sobre un teatro; pensar se echa de golpe fuera del cubilete de los dados. Y cuando el azar, el teatro y la perversión entran en resonancia, cuando el azar quiere que haya esta resonancia, entonces el pensamiento es un trance y entonces vale la pena pensar.

Michel Foucault

Aunque las citas suelen ser puntos de vista o de fuga y casi siempre tienen otra en oposición, ésta es tan lúcida que merece la pena no pensar sobre ella.