loco mauro aladro toli morillaMauro busca, indaga en su pasado de un brochazo, con todas la heridas abiertas a un mismo tiempo, rechazando el olvido, hurgando entre los diferentes hilos de los hechos que, casi por azar, han ido configurando su actual estado de crisis permanente.

En la canción «LosIdiotas» reverberan otros pensamientos de Mauro entre el cielo y la tierra, «… casa, coche y un plan de pensiones. Era eso la vida ¿No?» Robinsón perdido entre el devenir de lo material y la necesidad perentoria de seguir sus más profundas intuiciones hasta el final.

Elías Veiga, echa una mano a este idiota que necesita inspirarse en lo que ve o lee. ¿Cuánto hay de Morilla y de Veiga en la letra? Todo. Una lectura, un interpretación, una adaptación. La misma experiencia

Si y no, esa es la respuesta. ¿Cuál es el precio del sí? ¿Cuánto nos cuesta el no?

puerta de embarqueUna canción «buena» posee esa capacidad para adaptarse a los tiempos y situaciones cambiantes y a ser re-interpretada de forma variopinta según quien se atreva a darle un nuevo sentido, ya sea musical, literario o ambos. «You belong to me» es una buena canción. Como ejemplo puedes escuchar estas cuatro versiones: The DupreesDean MartinPatti PageJason Wade.

Existen otras adaptaciones tan buenas o interesantes cantadas por Jo Sttaford, Bob Dylan, Bing Crosby o Sue Thompson cantante que grabó la primera versión editada de esta canción, sin embargo, parece ser que la versión posterior de Patti Page fue la que alcanzó un puesto significativo en la Billboard en 1952.

Chilton Price había escrito la canción en su totalidad como «Hurry Home to Me» la petición de una mujer estadounidense a un amor que sirve en el extranjero en la Segunda Guerra Mundial. King y Stewart se ajustaron ligeramente a la composición musical y lírica para cambiar el enfoque de un fondo de guerra «en una especie de canción universal sobre amantes separados» y cambiar el título a «You Belong to Me», a cambio de su trabajo en la promoción, firmando el título junto a  Price, que anteriormente había tenido éxito con otro hit que había escrito, «Slow Poke», en virtud de un acuerdo similar con los dos hombres.

La lectura que hago en mi versión es la de alguien que sabe que ha perdido a su amante y que cita los lugares que se supone está visitando en un viaje o huída del descalabro, recordando como un lamento la pérdida: «…Cruza el Mar de Plata en un avión, mira la selva en pleno corazón pero recuerda antes de volver que tú eras para mi…». Acompañando la canción puedes leer el relato «Nada es sólido«, capítulo 6  de las aventuras de Mauro Aladro. No me pregunten más por ahora.

 

 

Termini 2El título fue una especie de premonición, tanto para el relato como la para la canción (juro que la rima es casual) y hasta el último día de plazo para enviar los archivos a El Comercio se resistieron y rebelaron en contra del autor. Como escritor primerizo el tono y el ritmo de la narración supuso un combate entre el deseo de crear algo diferente y la realidad de la falta de recursos propios y espacio físico para hablar de dos obsesiones fruto del miedo, pánico quizá, arraigado profundamente en la psique de Mauro Aladro: la indigencia y la autoridad.

El miedo a la indigencia emocional o material como signo del fracaso absoluto de una vida que aparentemente cuenta con una buena mano en la partida de la supervivencia. El odio profundo a la autoridad o a los desmanes de esta cuando es utilizada de forma insensible, lejos de la compasión, la solidaridad o el respeto.

No está bien visto el fracaso. Los márgenes que nuestra sociedad le deja a al éxito son inversamente proporcionales a los que le permite a su antónimo, sin embargo, en la vida es mayor el  número de casos en los que se fracasa.

Una diferencia fundamental: No es lo mismo fracasar con dinero que sin él. Yo aún diría más, fracasar con dinero no se considera fracaso. Por poner un ejemplo, en la política el fracaso es continuo y manifiesto, en el amor también ¿por qué entonces se arrincona cruelmente tanto desmoronamiento? Todos, unos más y otros menos, sabemos cuál es nuestro grado de equilibrio entre lo que consideramos éxito o fracaso aunque probablemente seamos menos conscientes de las consecuencias y el grado de frustración.

Dicen que saber tolerar bien la frustración es necesario, que el que más preparado esté para ello mejor vivirá y menos problemas se causará a si mismo y a la sociedad. Digamos que de acuerdo. ¿Pero quién, cómo y cuándo nos preparan para asumirla? Desde niño te llenan la cabeza de sueños, cuando no de deseo, cualquier cosa que impida el camino hacia la consecución del objetivo ha de ser eliminada, el fin justifica los medios, el mundo prepara solo a los más fuertes o pertenece a los más fuertes; ocupar nuestro espacio entre esta selección natural no es fácil; parece una manifestación más de la lucha entre la naturaleza y la razón, la libertad y la justicia, el ser o no ser.

Cuando podemos reconocer lo que la suerte significa en la lotería de la vida, que no es otra cosa que determinismo puro y duro, uno empieza a pensar en que vivimos gracias a los destellos (micro iluminaciones) que las sucesivas generaciones de seres humanos van dejando en la tierra y a pensar en frases como la que da título a la canción de este capítulo 5 de la pasión, única e intransferible y sin embargo bastante común de Mauro Aladro. Recen lo que sepan. Yo lo hago en las canciones, no me pregunten más.

Love-in-its-anatomical-connections¿Cómo hablar del dolor? Otra vez, la enésima vez, sin caer en lo obvio, sin utilizar las palabras que definen el sentimiento que todas las personas tienen al menos una vez en la vida, el desengaño amoroso. No tiene buena prensa, la gente se ríe cuando no les ocurre a ellos o cuando alguien parece incapaz de resolverlo. Ahora sabemos más pero no por ello sentimos menos. Hace poco caminaba por el barrio de Cimavilla en Xixón, a la hora en la que se juntan las copas con la música y los garitos con las drogas ilegales, absorto en la letra y la forma de terminar esta canción. La mutilación me sonó exagerada, en un primer momento, asociada al agente o la causa: el amor; creando una contradicción conceptual, un extraño oxímoron, una paradoja o como se quiera; es tal el valor y la grandeza que atribuimos a este sentimiento sin el que no podemos vivir y no es una tontería, que la combinación (amor/mutilación) se me resistía como solución literaria para una canción. Ahora, quizá, no estén «bien vistas» las canciones que hablan del desamor o mejor dicho: las palabras clásicas que definen ese estado rechinan en nuestras mentes «modérnicas» y es posible que tengamos cierta incapacidad para utilizar otras nuevas con las que definir lo de siempre, el abandono, el vacío, el cuelgue, el pánico, la soledad extrema o la rabia y todo eso que provoca la separación de una persona; un largo etcétera, sensaciones experimentadas en la mente que exigen un alto rendimiento a la razón. De sexo ni hablamos.

Convencido ya de que estaba fuera de lugar en el barrio y en la movida nocturna, detrás de mí, en la calle Vicaría, cuatro o cinco chicas con tacones para comérselo todo y como complemento bolsas de supermercado medio vacías, discutían a gritos sobre algún hecho reciente que las hizo cambiar de escenario caminando de prisa sobre los adoquines. El tema eran los tíos, los chicos. Es fácil deducir la conversación en la que cada una tenía un punto de vista diferente sobre «ellos». Cerca del Bola 8 ya me habían adelantado y tampoco se ponían de acuerdo para entrar. La división en el grupo se definió cuando la que aparentaba más años dijo antes de la deserción: «No tías, es que los tíos cuando se enamoran se vuelven gilipollas.» – Les pasará a ellas también ¿será como una lobotomía? – sugerí en silencio, resolviendo el problema literario de la canción, aceptando sin reservas el maridaje entre la mutilación y el amor.

Simplemente es una anécdota, la realidad es la dificultad para retomar el amor, la mutilación de una parte importante de esa expresión natural compensada, quizá, por la empatía, pero me ayudó a quitarle hierro al asunto y pensar que sólo era una canción, que el dolor seguiría su curso, que la vida opera por encima de nosotros, o al menos por encima de mí, y que cada uno la vive como puede según la forma de tramitar sus sentimientos, equivocada o no, pero que de alguna forma también estamos inmersos, o al menos yo lo estoy, en un constante proceso de cambio por el aprendizaje, la experiencia o las hostias. Solo necesitaba terminar otra canción, no me pregunten más.

Casa abandonada 1El nuevo proyecto musical y literario, que empezó el pasado 15 de junio en el suplemento Culturas del diario El Comercio, con el ostentoso título de «La pasión según…» es una aventura, como cada uno de los discos anteriores, pero esta vez me atrevo a incluir una serie de relatos que iré dando a conocer y que formarán parte del próximo disco + libro, si todo termina bien. El trabajo podrá leerse y escucharse en el blog personal que El Comercio tiene habilitado en su edición digital, por el momento esta publicado el capítulo cero.
http://blog.elcomercio.es/la-pasion-segun-mauro-aladro/2013/06/15/capitulo-cero/

 La próxima entrega con el título «La derrota» llevara una canción asociada: «Stalingrado»