puerta de embarqueUna canción «buena» posee esa capacidad para adaptarse a los tiempos y situaciones cambiantes y a ser re-interpretada de forma variopinta según quien se atreva a darle un nuevo sentido, ya sea musical, literario o ambos. «You belong to me» es una buena canción. Como ejemplo puedes escuchar estas cuatro versiones: The DupreesDean MartinPatti PageJason Wade.

Existen otras adaptaciones tan buenas o interesantes cantadas por Jo Sttaford, Bob Dylan, Bing Crosby o Sue Thompson cantante que grabó la primera versión editada de esta canción, sin embargo, parece ser que la versión posterior de Patti Page fue la que alcanzó un puesto significativo en la Billboard en 1952.

Chilton Price había escrito la canción en su totalidad como «Hurry Home to Me» la petición de una mujer estadounidense a un amor que sirve en el extranjero en la Segunda Guerra Mundial. King y Stewart se ajustaron ligeramente a la composición musical y lírica para cambiar el enfoque de un fondo de guerra «en una especie de canción universal sobre amantes separados» y cambiar el título a «You Belong to Me», a cambio de su trabajo en la promoción, firmando el título junto a  Price, que anteriormente había tenido éxito con otro hit que había escrito, «Slow Poke», en virtud de un acuerdo similar con los dos hombres.

La lectura que hago en mi versión es la de alguien que sabe que ha perdido a su amante y que cita los lugares que se supone está visitando en un viaje o huída del descalabro, recordando como un lamento la pérdida: «…Cruza el Mar de Plata en un avión, mira la selva en pleno corazón pero recuerda antes de volver que tú eras para mi…». Acompañando la canción puedes leer el relato «Nada es sólido«, capítulo 6  de las aventuras de Mauro Aladro. No me pregunten más por ahora.

 

 

Love-in-its-anatomical-connections¿Cómo hablar del dolor? Otra vez, la enésima vez, sin caer en lo obvio, sin utilizar las palabras que definen el sentimiento que todas las personas tienen al menos una vez en la vida, el desengaño amoroso. No tiene buena prensa, la gente se ríe cuando no les ocurre a ellos o cuando alguien parece incapaz de resolverlo. Ahora sabemos más pero no por ello sentimos menos. Hace poco caminaba por el barrio de Cimavilla en Xixón, a la hora en la que se juntan las copas con la música y los garitos con las drogas ilegales, absorto en la letra y la forma de terminar esta canción. La mutilación me sonó exagerada, en un primer momento, asociada al agente o la causa: el amor; creando una contradicción conceptual, un extraño oxímoron, una paradoja o como se quiera; es tal el valor y la grandeza que atribuimos a este sentimiento sin el que no podemos vivir y no es una tontería, que la combinación (amor/mutilación) se me resistía como solución literaria para una canción. Ahora, quizá, no estén «bien vistas» las canciones que hablan del desamor o mejor dicho: las palabras clásicas que definen ese estado rechinan en nuestras mentes «modérnicas» y es posible que tengamos cierta incapacidad para utilizar otras nuevas con las que definir lo de siempre, el abandono, el vacío, el cuelgue, el pánico, la soledad extrema o la rabia y todo eso que provoca la separación de una persona; un largo etcétera, sensaciones experimentadas en la mente que exigen un alto rendimiento a la razón. De sexo ni hablamos.

Convencido ya de que estaba fuera de lugar en el barrio y en la movida nocturna, detrás de mí, en la calle Vicaría, cuatro o cinco chicas con tacones para comérselo todo y como complemento bolsas de supermercado medio vacías, discutían a gritos sobre algún hecho reciente que las hizo cambiar de escenario caminando de prisa sobre los adoquines. El tema eran los tíos, los chicos. Es fácil deducir la conversación en la que cada una tenía un punto de vista diferente sobre «ellos». Cerca del Bola 8 ya me habían adelantado y tampoco se ponían de acuerdo para entrar. La división en el grupo se definió cuando la que aparentaba más años dijo antes de la deserción: «No tías, es que los tíos cuando se enamoran se vuelven gilipollas.» – Les pasará a ellas también ¿será como una lobotomía? – sugerí en silencio, resolviendo el problema literario de la canción, aceptando sin reservas el maridaje entre la mutilación y el amor.

Simplemente es una anécdota, la realidad es la dificultad para retomar el amor, la mutilación de una parte importante de esa expresión natural compensada, quizá, por la empatía, pero me ayudó a quitarle hierro al asunto y pensar que sólo era una canción, que el dolor seguiría su curso, que la vida opera por encima de nosotros, o al menos por encima de mí, y que cada uno la vive como puede según la forma de tramitar sus sentimientos, equivocada o no, pero que de alguna forma también estamos inmersos, o al menos yo lo estoy, en un constante proceso de cambio por el aprendizaje, la experiencia o las hostias. Solo necesitaba terminar otra canción, no me pregunten más.

tenis de mesaEl capítulo dos del proyecto La Pasión según Mauro Aladro ya se puede leer en el blog del suplemento Culturas del diario El Comercio. La canción homónima se puede escuchar también en el heterónimo y citado blog que voy construyendo cómo un reto, bueno dos; las canciones están bastante más definidas que los textos, los relatos aún no existen, por el momento fui capaz de ordenar tres como capítulos cero, uno y dos. Es decir, que cada quince días tengo que tener ordenado un relato y por otro lado terminar y grabar una canción. Intento llevar mi ritmo, me gusta hacerlo así, como decía el poeta muerto exhumado.

Hoy fui a recoger un bajo Hofner como el que tocaba McCartney con The Beatles en los tiempos del rock ‘n’ roll, ese con forma de violín sin efes , de hecho, tiene una caja algo más grande que la de una viola. parece ser un 500/1 de 1963. Mi amigo Héctor Currás, que vive en Proaza, lo consiguió de forma rocambolesca, sin esperarlo, fue un regalo que después le quisieron quitar pero el dijo eso de Santa Rita y se olvidó del asunto; también le gusta ir a su ritmo. Como me destrozaron el coche en la calle, lo típico, borracho y puesto hasta las cejas, el tío me lo dejó como a Julian y compañía, vale, siniestro total. ¿A qué viene esto? Pues, que Belén me dejó su coche para ir a por el Hofner y al final me enrrollé más de la cuenta. Cuando me llamó por última vez, un poco quemada, me dijo: «Nada, nada, a tu ritmo»

Y recordé otra vez al poeta muerto exhumado y pensé  que lo que no dice la afirmación sobre lo de buscar el propio ritmo es que a veces podemos tocar los cojones a los demás con nuestro puto ritmo. De todas formas yo sigo con el mio, en la medida de lo posible.

La próxima entrega de LPSMA será el sábado 27, estoy usando el bajo de Héctor en la grabación. Canción y relato se llamarán «Aquella luz»

Casa abandonada 1El nuevo proyecto musical y literario, que empezó el pasado 15 de junio en el suplemento Culturas del diario El Comercio, con el ostentoso título de «La pasión según…» es una aventura, como cada uno de los discos anteriores, pero esta vez me atrevo a incluir una serie de relatos que iré dando a conocer y que formarán parte del próximo disco + libro, si todo termina bien. El trabajo podrá leerse y escucharse en el blog personal que El Comercio tiene habilitado en su edición digital, por el momento esta publicado el capítulo cero.
http://blog.elcomercio.es/la-pasion-segun-mauro-aladro/2013/06/15/capitulo-cero/

 La próxima entrega con el título «La derrota» llevara una canción asociada: «Stalingrado»

«Puede que le haya cambiado la cara a la música pop, pero eso no equivale a haberle cambiado el metabolismo. Todo lo que hice fue abrir puertas -declaró Dylan hace algún tiempo-. Como sea, yo no soy lo importante, sino las canciones. Yo sólo soy el cartero que las reparte. Toda la leyenda gira en torno de esas canciones que empecé a escribir antes de haber aprendido a caminar». Bob Dylan 1987. Charla con Sam Shepard.

Hay que recordar que el folk en EE. UU. en los 60′ era un vehículo para expresar la crítica y el descontento con la sociedad establecida y muy especialmente con la guerra de Vietnam. Prueba de ello eran las reivindicativas letras de sus dos máximos exponentes en ese momento: Joan Baez y el propio Bob Dylan. El público folk estaba formado fundamentalmente por activistas de izquierda y universitarios progresistas, que consideraban al rock y el pop como géneros superficiales y poco comprometidos.

Paralelamente, ya en la segunda mitad de la década de 1960, en Gran Bretaña, algunos grupos de formación pop, asumieron la tradición de la música medieval inglesa, como es el caso de Pentangle o Fairport Convention, cuyo bajista Ashley Hutchings fundó otro icono del folk-pop inglés, Steeleye Span. Junto a ellos, otros músicos investigaron en la tradición celta, estableciendo su propia vía de desarrollo, diferenciada de la anterior.

Suze Rotolo, que era por entonces la novia de Dylan (y que es la chica que aparece caminando del brazo en la portada de The Freewheelin´(1963) fue según parece la gran responsable de su interés por la política y, más aún, por los movimientos de derechos civiles. En 1962, mientras Rotolo militaba en el Congress of Racial Equality (CORE), Dylan compuso algunas de sus canciones de protesta más famosas. En enero escribió Emmet Till, inspirada en el caso de un joven negro ejecutado en 1955 por haber silbado a una mujer blanca, el mismo episodio que arrastró al activismo a Cassius Clay. En febrero escribió The Ballad of Donald White, alegato contra la pena de muerte. Enseguida, en plena crisis de los misiles cubanos, llegó A Hard Rain´s A-Gonna Fall.

Cuando por fin se publicó formalmente el directo de Bob Dylan en el Free Trade Hall de Manchester, de 1966, dos hombres pugnaron por llevarse el mérito de aquel “¡Judas!” antes del eléctrico “Like a rolling stone”. Y lo hicieron hasta el día de su muerte. Esto significó la deserción de cientos de fans acusando al cantautor de alta traición a los valores de la música folk.

Mayo 2011

Dos hombres y un grito: ¡Judas!
por Jorge Salas

Normalmente, perder los nervios es una de esas situaciones de las que uno nunca está especialmente orgulloso. Desde luego, no es algo que recordar en tu lecho de muerte. “¿Recuerdas, hace treinta años, cuando le grité abrazafarolas a aquel tipo que nos dio por detrás en el coche?”. No, no creo que se acuerde. Sin embargo, cuando por fin se publicó formalmente el directo de Bob Dylan en el Free Trade Hall de Manchester, dos hombres pugnaron por llevarse el mérito de aquel “¡Judas!” antes de “Like a rolling stone”. Y lo hicieron hasta el día de su muerte.

El primero al que se le atribuyó aquel grito fue un canadiense llamado Keith Butler. De hecho, fue él mismo el que se lo atribuyó en una serie de entrevistas para un especial de la BBC con motivo del lanzamiento del disco a finales de los 90. Butler, que en 1966 estudiaba en Manchester, se lo confesó espontáneamente al presentador Andy Kershaw en una reunión de personas que estuvieron en el Free Trade Hall. “Hola, soy el tipo que gritó “¡Judas!” aquella noche en Manchester”. Tras salir de casa para tomar el aire una noche por culpa de un ataque de asma, Butler acabó en un café donde leyó un artículo sobre la publicación del disco y un documental, “Eat The Document”, de DA Pennebaker en el que se reconocía.

La versión de Butler parecía creíble. En el documental de Pennebaker aparecía furioso al final del concierto. “¡Cualquier maldito grupo de pop podría hacer esta basura! Ha sido una vergüenza. Es un traidor”, decía visiblemente alterado en el vídeo. Tres décadas después, era extraño, pero parecía bastante alejado de lo que se podía pensar de un fanático que se sintió traicionado porque Dylan abrazara la electricidad. “Si te digo la verdad, no recuerdo qué canción está en cada LP”, le decía Butler a Kershaw, que le preguntaba por qué lo hizo: “estaba muy decepcionado con lo que estaba escuchando. Pero cuando realmente me molestó fue cuando tocó aquellas canciones tan bonitas… Creo que fueron dos”. “¿She belongs to me?”, pregunta Kershaw. “No. “Baby, let me follow you down”. Y la otra era “One too many mornings”. Yo era sensible (…) Creo que “One too many mornings” fue la que más me molestó”.

Sin embargo, y a pesar de que todo parecía estar muy bien hilado en esta versión, al poco tiempo alguien se puso en contacto con el propio Andy Kershaw tras la salida a la luz del documental. Era John Cordwell, vecino de Cumbria, el que ahora se atribuía el “mérito” de haber provocado la versión más rabiosa de “Like a rolling stone”. Cordwell le contó a Kershaw que, en aquel momento, su enfado no era tanto porque Dylan se hubiera pasado al rock, sino porque lo hubiera hecho con un equipo tan malo. “No sonaba como suena el disco”, decía, “además, parecía displicente, un desperdicio comparado con la intensidad de la primera parte”. Sin embargo, el propio Cordwell se excusaba diciendo que “probablemente” había sido incitado por la gente que estaba a su alrededor, que le confesaba que les gustaría haber sido ellos los que llamaran Judas a Dylan.

Cordwell, al igual que Butler, recibió con sorpresa su supuesta aparición en tamaño documento sonoro. Tal y como había circulado desde un principio, la grabación se adjudicaba a un concierto en el Royal Albert Hall de Londres. “Coincidió con la revelación de que alguien afirmaba que era él el que gritaba (Butler), y eso me intrigaba porque no podía entender por qué alguien querría hacerlo. Supongo que lo racionalicé (…) quizá dos personas gritaron “Judas”, pero estoy absolutamente convencido de que soy yo a quien recogen los micros”, asegura Cordwell.

Esa es la historia de los dos hombres que, más de tres décadas después, pugnaron por su derecho de ser la voz que logró irritar al Dylan más ácido de la historia. John Cordwell murió el 11 de julio de 2001 por culpa de un shock alérgico, y Keith Butler lo hizo poco más de un año después tras estar tres semanas ingresado en un hospital; ambos se fueron y nos dejaron sus dos versiones de los hechos para que nosotros juzgáramos. Posiblemente, sólo uno de ellos fue el responsable de engrandecer el mito de aquel directo del 17 de mayo de 1966.