Auténtico

Acabo de desayunar en la gloria.
Con unas galletas elaboradas ” según la receta de las monjas asturianas” y leo literal ” con auténtico sabor a convento”.
La química avanza una barbaridad, los sabores que se sintetizan son infinitos: barbacoa, griego, cítricos, mexicano, mediterráneo, casi parece la carta de una puta en un anuncio de la prensa.
Y es que a la hora de emular la realidad somos unos fieras.
Sin ir más lejos estos días estoy detrás de una guitarra que emula en un solo instrumento ¡¡¡diez y seis!! tipos diferentes de guitarras acústicas con solo tocar un botón.
Pero a mí lo que me puso hoy fue el sabor a convento.
¿A que huelen las nubes? Hora de cambiar la frase, por ejemplo: ¿A que sabe el convento?
Puede que a ¿mística, a represión, a paz, a dolor, a deseo contenido, a la inquisición, a virginidad?
Demasiado para un desayuno, mejor va a ser un buen pan de Busdongo y mantequilla de la Central que no llevan sabores tan densos asociados, simplemente son lo que son.
Se me ocurre que dentro de poco alguien sacará al mercado el pan multisabor, chapata, bregado, “baguette”, de leña, de Busdongo, de maíz, de escanda, todo en uno… como la guitarra.
Todo esto está muy bien, reinventar la vida es una forma de emular a Dios o a los Dioses, ¡que manía!
Lo único que me preocupa es que la síntesis de la realidad ocupe demasiado espacio y terminar confundiendo los sabores entre sí y al final perder la capacidad de distinguir entre el sabor a convento y la virginidad.

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