Señales
Hoy llegó la primera y me hizo pensar que era un signo.
Miré por la ventana de la cocina que da a los los jardines interiores de esta urbanización proletaria y el césped estaba lleno de señales. No cabe duda.
Hay señales inequívocas del cambio y la movilidad de las cosas, del fluir constante que dicen los libros de la nueva era y los de biología.
Las señales son importantes porque despiertan nuestra memoria y nuestros reflejos, cosa que viene muy bien en este mundo aletargado por tanta comunicación dirigida.
Por eso cuando vi la mosca y después miré por la ventana de la cocina viendo el prado lleno de margaritas concluí como cada año que por fin se había acabado el invierno y que por más frío que viniera ya no sería tanto como el pasado.
Me hizo gracia la mosca y pensé que era una buena señal.
Pero esa buena señal se tornó amenaza porque comencé a imaginarme una cocina llena de moscas revoloteando por todos lados, sobre la fruta, el pan, la mesa y escalando arriba y abajo los chorizos de jabalí sin el menor decoro.
Pensé entonces que debía matar a esa mosca por que después vendrían muchas más y concluí que este mismo razonamiento, por tonto o inadecuado que parezca, es el que lleva a mucha gente a odiar a esos futbolistas de color que se permiten meter goles y liderar la clasificación del Pichichi.
Concluí al final que esta primavera llega plagada de señales:
En cuanto uno se aletarga, un ejército de rumores se lanza a la conquista de las mentes más descansadas.