Hola Andrea:
Soy Javier.
Flash back:
La pequeña plazoleta esquinada estaba atestada de gente que esperaba a otra gente, los cuerpos bullían arriba y abajo por la boca de metro con actividad sanguínea, parándose de vez en cuando en el kiosco de prensa que dispensaba chicles y tabacos.
A la puerta del Café el gentío se disculpaba sin cesar para poder entrar o salir. Las cabezas giraban planetariamente sobre sus ejes buscando esa figura conocida.
El café se aderezaba con las admiraciones, interjecciones, sobresaltos y desengaños que en ese momento llenaban las bocas que tras los cristales se casaban o se divorciaban de las miradas que las acompañaban.
Movimientos de mecánica impaciencia creaban coreografías paralelas dentro de la cámara negra perfectamente decorada por El Café Comercial, Metro Bilbao y el kiosco.
La danza es algo natural. Todo gira. Todo se mueve. Es absolutamente inevitable. Esto es taoísta o algo así.
Mi mecánico movimiento impaciente se paró cuando la vista observó una figura conocida aunque no esperada. La elíptica de la otra persona también descansó reparando en mí.
La reacción fue similar, ninguno de los dos supo quién era esa figura conocida pero no esperada que le miraba abriendo la estantería de la memoria para ir directamente a la hemeroteca.
Lo cierto es que en estas situaciones el tiempo propio se para. Probablemente toda actividad circundante cae en un estado de catalepsia micro-temporal, aunque eso ya es difícil de probar, pero pasa, al menos en las películas yo lo he visto.
Es curioso, siempre me había gustado cuando Superman era capaz de leer un libro de doscientas páginas en treinta segundos, que digo treinta, diez a lo sumo, siempre soñé con tener esa habilidad para poder ser vago y culto al mismo tiempo, algo incompatible.
Como es de suponer sigo siendo simplemente vago, pero en ese instante, cuando lo conocido se hizo inesperado y tuve que hacer el ejercicio del recuerdo, descubrí que era algo parecido a la capacidad de Superman y en diez segundos sabía quien era la persona que me estaba mirando.
Si, yo soy tal y cual, nos conocimos aquí y tal, ah! si hombre si, como tu por aquí y tal. Bueno, al fin un breve encuentro que se tornó fructífero para mí.
Si, prometió enviarme un libro y eso siempre es bueno, sobre todo antes de leerlo y a veces también después.
Pero no tengo mi libro, bueno el suyo para ser más correcto, porque todavía no me ha llegado. En fin, que yo venía ha hablar de mi… su libro para que al fin fuera mío o del mío que será siempre suyo porque lo escribió; me estoy haciendo un lío con tanto flash back y tanta retórica.
Realidad:
Hola Andrea:
Soy Javier, (Javier Castro, de la editorial Noval) ¿ya te acuerdas? Un saludo, ya vi en tu blog que estás de tournée por el estado o país, según se vea.
Espero que todo te vaya bien. Si tienes tiempo me encantaría recibir tu libro, pero te escribo porque voy a Madrid la semana que viene y aunque voy a estar completamente liado a lo mejor podía recogerlo “in person” o yo que se, en fin que es un placer saludarte y salud!
Un beso.
Javier Castro