Archive for Diciembre, 2004

New year’s day

Jueves, Diciembre 30th, 2004

Como un niño con zapatos de año nuevo les dije a las zapatillas que abrieran bien la boca y gritaran alto a los reyes magos de oriente: ¡Mi regalo!
Que bien suena, new year’s day, y love and defth o sunday bloody sunday, que bien suena, de sonido digo, que qué bien suena todo en inglés, por eso creo que este próximo año retomaré las clases del idioma de (ahora vendría lo de Sexpir) Beckam que es más famoso y juega mejor al fútbol y está más bueno que el escritor ese.
Si hicieramos una encuesta entre la población saldría ganado el New year’s day en contra de Prestosu Añu Nuevu y/o Feliz Año Nuevo.
Hay una sencilla razón: El esfuerzo bucal y vocal es mucho mayor en el idioma de (aquí estaría Cervantes) Bertín Osborne o el de Fernando Alonso (aquì estaría Pachín de Melás) que en la anglolengua.
Como último ejercicio de economía vocal, ligüística, bucal, lingual, labial superior e inferior, maxilar, resumiendo ortopantomográficamente hablando,
último ejercicio maxilofacial del año, probemos lo siguiente:

1- Decir: “Congratulations for the new year’s day” sin mover los labios.
Comprobamos que facil y que bien se entiende sin articular movimientos extraños para nuestra operada esfinge.
2- Decir: “Prestosu Añu Nuevu” intentando no mover los labios.
Comprobamos que difícil se torna el asunto y que no nos va a entender ni dios.

Vuestra imaginación os llevará solitos a hacer otro tipo de pruebas lingüìsticas que demostrarán cuales son las razones de las preferencias idiomáticas navideñas.

Si, eso es, que para expresivos y ricos en recursos del idioma, nosotros.
Papa Noel, mira a ver si cambias de agencia de viajes y el próximo año te quedas por Ohio o en Carolina del Norte.
Nota: La lectura de este “post”(secuelas) lleva incorporada una traducción automatica en asturiano, solo tienes que leerlo con la mano en el corazón.

Prestosu Añu Nuevu
Feliz Año Nuevo
Happy new…..¡ casi se me escapa!

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Martes, Diciembre 28th, 2004

Últimamente ya no hay comentarios, pasó la primera emoción, creo que he dejado de ser interesante en el ciber espacio y el ciberespacio ha dejado de interesarme . De todas formas, tanta desnudez, termina apestando.
Esta forma para que te lea todo el mundo sin filtros parece una buena idea en principio, pero se vuelve un arma de doble filo, existe un riesgo enorme de caer en la pura autocomplacencia y así ha sido en muchas ocasiones. Esto es como masturbarse intentando seducir a la audiencia; realmente desolador.
No se si volveré a escribir, desde luego que me lo pensaré un rato. Tengo la sensación de haber caido en una mediocridad pública y cibernética horrorosa( que me creía…?)
Me he dejado arrastrar por esta puta manía de hacer espectáculo de cualquier cosa, estimulante forma de construir un mundo imaginariamente más moderno, importante, alunizante y alucinante, una experiencia que no habla sino de nuestra absoluta debilidad para aceptar la dureza de la soledad, de nuestra falta de cojones para asumir la miseria espiritual, personal y colectiva, que estamos viviendo.
Que si voy a mear, que ahora voy a Cuenca, ayer conocí a no se quién, hoy me he sentido muy mal, ayer muy bien, vaya mierda, pero a alguién más que a mi le interesa que coño hago? Hace tiempo que estoy con la mosca trás la oreja y al acecho, por si termino convirtiendome en un espectador de mi mismo, queriendo ser el protagonista de toda mi existencia llena de actores secundarios. Lo dicho: puro onanísmo de pajillero barato.
Hasta la vista.

Fugaz

Jueves, Diciembre 9th, 2004

Ella desapareció en la noche.
Se marchó dejando al hombre apoyado sobre el alféizar de la ventana del piso bajo del hotel que daba a la calle.
Caminando resuelta y con aire de victoria, parecía haberse llevado algo en una mano, que se desmaterializó cuando intentó colocarse su media melena, al tiempo que proseguía su paso firme hacia el mundo adulto.
El hombre siguió mirándola hasta que se esfumó entre los coches aparcados al fondo de la calle y un leve repecho puso fin a la escena.
El calor siguió envolviendo la madrugada, la pasión se extendió entre las calles adyacentes llevándose el rumor del contacto corporal, los besos, las caricias y la electricidad de aquel fugaz tanteo de la realidad del otro.
Un olor dulzón continuó pululando sin orden sobre la ventana del hotel. Una impresión gráfica en las yemas de los dedos llevó al hombre a besar sus manos intentando retener en la memoria aquel encuentro, haciendo que durara más de lo que el azar había permitido.
No se olvidan fácilmente mis besos, le susurró ella poco antes de marchar.
La noche no se volvió ni extrema ni dura como era de prever en una consecuencia lógica que el rechazo suele crear en las personas. No.
Sin embargo parecía que más que un adiós había sido un hola, un hasta luego con tarjeta de visita indagando en el misterio de las propiedades magnéticas del ser humano.
Se alejó con aire tranquilo recomponiendo su estructura corporal con la satisfacción del domador de caballos cuando al fin consigue reducir al animal y hacerlo dócil, entregado y fiel.
Se fué sabiendo que había dejado algo escondido dentro de aquel desconocido al que había besado con intensidad contenida, con deseo disciplinado, con dulzura apícola, renovándose brevemente con aquella brisa refrescante con la que la seducción había soplado en su cuello.
Caminó hacia el mundo adulto pensando que a lo mejor la pasión podía desaparecer en el horizonte de las edades, que a lo peor le había dado el esquinazo a su propia esencia o que al fin podía cantar una victoria sobre las trampas de la soledad.
No volvió la cara para mirar si el hombre seguía observándola, quizá porque prefirió no comprobar los efectos de su triunfo o quizá porque no quiso certificar a quién o a qué había vencido, porque quizá al fín no estuviera tan claro cual había sido la batalla ni el enemigo.
Él entró en el hotel reconociendo el valor de su voluntad, despertando de una suerte de embrujo que no había imaginado como final de aquel viaje fronterizo, sin saber a ciencia cierta cual había sido el papel que el director de orquesta le había encomendado, atisbando levemente una melodía, que quizá algún día se convirtiera en una canción de éxito.