La UVI de la llingua. Crítica.
Martes, Octubre 19th, 2004La crítica del concierto por un redactor del periodico La Nueva España, en la edición digital aparece sin firmar.
¿Que opináis? Los que visteis el espectáculo.
La UVI de la llingua.
En el último recuento que se hizo de las lenguas que coexisten en el planeta, quedaban registradas un par de ellas -una, al menos, seguro- que únicamente hablaba una señora. Esto sólo tiene una posible y casi fugaz ventaja, y es que cada vez que nos tengamos que referir a su conjunto de hablantes no tendremos que utilizar esa engorrosa fórmula de «los/las» mujeres y hombres, o la arroba, que es ahora nuestro punto de encuentro asexuado. Con decir, por poner un ejemplo práctico, «la hablante (en femenino absoluto) de ese idioma en cuestión encuentra serias dificultades para expresarse porque nadie la entiende», serviría. Por lo demás, que desaparezca una lengua es siempre una catástrofe cultural.
Como tengo una leve fama de antibablista, posiblemente bien merecida (por querer hacerme el graciosu), pero del todo injusta, lo mismo me daba empezar este comentario así que asá, dado que la clave y el tono para determinadas personas ya están seguramente prefijados antes siquiera de empezar a leerme. Acudo este viernes a un concierto del compositor asturiano Toli Morilla en el teatro Palacio Valdés. Ya sólo las palabras «concierto» y «coliseo» unidas en la misma frase constituyen una rareza local. Quiero decir que, normalmente, los conciertos suelen ser en el auditorio de la Casa de Cultura. El mismo subtítulo del espectáculo lo reconoce de mano: «Canciones, poesía, teatru, nunca pensaste que yera posible». Pues, hombre, tampoco es lo más impensable del mundo, pero no le falta razón.
El día de la presentación de este montaje que lleva por título «Nueche d’insomniu», el propio Morilla aclaraba que con esto «no hacemos política, no queremos asociar el asturiano con el independentismo, ni con la izquierda». Y primera cuestión con la que estoy del todo de acuerdo. No creo que la llingua tenga nada que ver con la izquierda, en la misma medida que el catalán tampoco tiene que ver necesariamente con la derecha, por mucho que ésta haya sido su principal valedora. Y no digamos nada con el independentismo que, aquí -ya era lo que nos faltaba- nadie lo plantea siquiera, al menos en serio.
En lo que ya sí que estoy de acuerdo es con la afirmación que hace este músico a continuación de que este espectáculo es un guiño a la oficialidad del asturiano. Iniciativas como ésta, que no deberían tener un carácter tan aislado, es cierto que permiten un acercamiento a la normalización de la llingua, a través de su expresión más bella, con versos seleccionados entre la producción de los más importantes poetas de Asturias. La propuesta de Toli Morilla, que es muy cierto que puede que nos recuerde al legendario Bob Dylan, deja un espacio a la dramaturgia y al saber hacer -realmente emocionante- de un plantel de actores encabezado por un tranquilo, natural y elegante Isidro R. Gallardo. Todo en una sencilla y oportuna escenografía de José Antonio Lobato.
Sin embargo, al concierto le faltaba algo. Puede que la emoción de lo prohibido. Como lo estaba un concierto de Raimon en la Cataluña de los setenta. Que la llingua, en lugar de ser receptáculo de una inmensa indiferencia de la ciudadanía, fuera perseguida y nos estuviera prohibido expresarnos en bable. Que en cualquier momento pudiera entrar a toletazos la Policía en el teatro, meter en la cárcel al concejal de Cultura, Juan José Fernández, por ser el cabecilla, y el resto pasáramos una noche en el calabozo.
Esto último es broma, a ver si alguien va a pensar que hago apología de la prohibición. Al contrario, soy de los que opinan, como Gabriel Celaya, que la poesía es un arma cargada de futuro. Y añado yo, un lugar donde la llingua está bien atendida. Como en una unidad de vigilancia intensiva.