Impulsos
Martes, Junio 22nd, 2004Les había dicho la verdad de todo lo que pensaba y lo dolido que estaba a causa de aquella decisión que habían tomado, fue incapaz de reprimir el impulso de hablar aunque sabía que ellos no lo entenderían y que tenían sus razones para obrar de tal modo y que seguramente todo se sustentaba en la incapacidad para actuar de otra manera.
Era difícil conjugar la rabia con el perdón.
El perdón no lo regalan, necesita del periodo de transmutación de la rabia, no llega fácilmente cuando se está herido, y quizá llegue al final cómo el renacimiento de uno mismo y lo que le rodea.
Ya no podía cambiar los hechos ni sus consecuencias, pero, deseaba un gesto de comprensión para las razones de su rabia, su frustración y su dolor, solo un puente hacia sus sentimientos de despojo que legitimara su verdad, de la que no dudaba.
No hubo ningún puente sobre las aguas turbulentas.
Las dos orillas eran ya irreconciliables, no se unirían jamás en una desembocadura, solamente formarían un delta fragmentado remontando las corrientes del mosaico de razones y sentimientos contrapuestos manando de la misma fuente, del manantial de las expectativas del amor.
Hasta ese momento el teléfono no había sonado y era probable que no lo hiciera, el deseo se transformaría en silencio, un silencio que es capaz, a veces, de destruir cualquier atisbo de razón.