Para colmo, lo que llevaba amenazando parte del día concluyó siendo una espesa lluvia que formaba el barrillo que cubre las ciudades despues de una temporada sin lluvias y que las hace volver a brillar metálicas, rocosas, enigmáticas y sorprendidas, por el fenómeno meteorológico que recuerda cual es la ubicación real de nuestras vidas, dentro del conjunto.
Pero eso no era importante, la decisión que había tomado si.
El tiempo de espera es siempre mucho peor y hace más daño que el desenlace.
Cuando se sigue un camino decidido o por un golpe del destino que suele tener bastante que ver con los golpes que empleamos para abrirnos paso entre la jungla diaria de deseos y realidades, estamos haciendo la vida, un tiempo de espera.
Con la mirada fija a veces en los dibujos geometricos de la acera y otras en horizonte urbano, había aceptado su realidad, era un asesino.
¿Porqué? ¿ Demasiados puñetazos en la oscuridad.
¿Como? Un empujón bastó.
¿Cuando? Ayer.
Una pantalla en blanco, rota por el paso del tiempo, acompañaba la banda sonora, chapoteo y redobles acuáticos, solos de cláxon, acordes de motor, arpegios de sirenas y un coro de voces creando polifonías y melísmas en el gran auditorio de aquella ciudad llena de desconocidos, de un publico espectante, inquieto y al acecho.
Continuará